Nos levantamos temprano y, depués de una ducha rápida, dimos la última vuelta por Miyajima antes de tomar el ferri y volver a la isla principal de Japón.
La visita a Himeji la planeamos intentando optimizar el tiempo que pasamos en el tren, así que nos paramos a ver el famoso Castillo en el trayecto de vuelta de Miyajima a Osaka.
Pero lo cierto es que perdimos un poco de tiempo por la mañana en Miyajima, así que no llegamos a Himeji muy temprano.
Conocíamos un sitio muy bueno para comer al lado de Engyoji, así que decidimos ir a visitar el templo antes que el castillo.
Tomamos el bus y el “ropeway”, caminamos unos 15-20 minutos por el monte, entre estatuas budistas y árboles, y por fin llegamos al templo. Como ya era mediodía nos paramos a comer. Como siempre, comida abundante, muy rica y muy barata.
La verdad es que este templo es uno de los más bonitos de Japón. El sitio, aunque está un poco lejos, realmente merece la pena. Así que, después de la
comida, hicimos la visita, con calma, y volvimos dando un paseo al teleférico.
Una vez abajo, tomamos de nuevo el autobús y bajamos en la parada que queda justo en frente de los jardines Koko-en. De ahí caminamos hasta el castillo, pero no pudimos entrar porque cuando llegamos ya eran las 16:15. Aunque cierran a las 17:00, la visita dura una hora, así que, como digo, no pudimos verlo por dentro.
Aún así, la visita merece la pena, sobre todo en esas fechas, porque en los alrededores del castillo hay montones de cerezos y estaban todos en flor. Había montones de japoneses con picnics, lo típico del hanami (花見, lit. “ver flores”).
En fin, nos dimos un paseo por los jardines de los alrededores y luego volvimos andando hasta la estación. Allí tomamos el tren hacia Osaka, y cuando llegamos tomamos una cena ligera y nos fuimos a la cama. Al día siguiente nos tocaba visita a Universal Studios de Osaka, así que había que reponer fuerzas.

